“Déjate de Breaking Bad y de ficciones porque lo que
tengo preparado es pura realidad.” David Beriain.
Por: Lidia Salgado
Nos
encontramos en Sinaloa, unos de los estados de la República Mexicana que más
está ligado al narcotráfico. Esta zona por el momento y geográficamente es un
área codiciada, ruta de trasiego importante para la delincuencia organizada.
Somos los mayores productores de drogas, no solo en México, sino en el mundo.
Todo lo que toca el narco, lo erosiona, carcome a las
instituciones públicas y engulle la convivencia armónica.
El
tráfico de drogas genera divisas millonarias que parecen atraer a cualquiera.
La promesa de una vida sin carencias y repleta de lujos, ha seducido a hombres
y mujeres, que parecen ignorar que su vida es puesta contra reloj y ante un
campo de batalla, donde el más mínimo error, termina por costarles todo.
En el
documental se presenta la línea de producción del Cártel de Sinaloa, las
actividades ilícitas que se llevan a cabo son un fenómeno expansivo que permea
todo a su paso, los tejidos en el ámbito económico, social, cultural y
religioso, con Malverde y sus miles de fieles.
Es indescriptible ver tanta impunidad y creerla
posible, aunque durante la presentación del documental, se escuchaban algunas
risas de fondo, personalmente, me estaba replanteando mi entorno, pensaba en
cómo el pasar de los años expuestos a toda esa violencia, logra que ahora formé
parte de nuestra vida diaria, lo hemos internalizado a tal grado que ya no
sentimos temor ni respeto, fingimos que Sinaloa no es un campo de guerra, nos
decimos “si no andas mal, no tienes nada que temer”.
Pero si hay mucho que temer, hay gatilleros sueltos,
policías corruptos, plazas en disputas, secuestros, torturas, homicidios, drogadicción,
delincuencia, amenazas y muerte. Y no solo se apuesta sobre la mesa una
legalización, ¿por qué legalizaremos también la Cocaína y las Anfetaminas?
Aceptar
que hay un problema, y no cerrar los ojos ante un “es mala publicidad para el
estado, no hablen del narcotráfico”, no es victimizarnos, ni encerrarnos por el
miedo que esto nos provoca, sino estar atentos e informados sobre el territorio
donde vivimos y amamos.
El
narcotráfico y su narco cultura están metidos hasta los huesos en los hombres y
mujeres de la población sinaloense. Atacar desde nuestras trincheras, la violencia, el machismo, disolver
esa consagración a
narcotraficantes como héroes, líderes y jefes ‘deseados’. No dejar que niños,
jóvenes y adultos vivan en una orfandad cívica y moral por aspiraciones a
pertenecer a dichas organizaciones, es dar un gran paso, recuperar terreno que
ahora está en manos de asesinos a sueldo.
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