lunes, 1 de mayo de 2017

COMENTARIO SOBRE EL DOCUMENTAL “CLANDESTINO” DE DAVID BERIAIN.


“Déjate de Breaking Bad y de ficciones porque lo que tengo preparado es pura realidad.” David Beriain.

Por: Lidia Salgado


Nos encontramos en Sinaloa, unos de los estados de la República Mexicana que más está ligado al narcotráfico. Esta zona por el momento y geográficamente es un área codiciada, ruta de trasiego importante para la delincuencia organizada. Somos los mayores productores de drogas, no solo en México, sino en el mundo.

Todo lo que toca el narco, lo erosiona, carcome a las instituciones públicas y engulle la convivencia armónica.

El tráfico de drogas genera divisas millonarias que parecen atraer a cualquiera. La promesa de una vida sin carencias y repleta de lujos, ha seducido a hombres y mujeres, que parecen ignorar que su vida es puesta contra reloj y ante un campo de batalla, donde el más mínimo error, termina por costarles todo.

En el documental se presenta la línea de producción del Cártel de Sinaloa, las actividades ilícitas que se llevan a cabo son un fenómeno expansivo que permea todo a su paso, los tejidos en el ámbito económico, social, cultural y religioso, con Malverde y sus miles de fieles.

Es indescriptible ver tanta impunidad y creerla posible, aunque durante la presentación del documental, se escuchaban algunas risas de fondo, personalmente, me estaba replanteando mi entorno, pensaba en cómo el pasar de los años expuestos a toda esa violencia, logra que ahora formé parte de nuestra vida diaria, lo hemos internalizado a tal grado que ya no sentimos temor ni respeto, fingimos que Sinaloa no es un campo de guerra, nos decimos “si no andas mal, no tienes nada que temer”.

Pero si hay mucho que temer, hay gatilleros sueltos, policías corruptos, plazas en disputas, secuestros, torturas, homicidios, drogadicción, delincuencia, amenazas y muerte. Y no solo se apuesta sobre la mesa una legalización, ¿por qué legalizaremos también la Cocaína y las Anfetaminas?

Aceptar que hay un problema, y no cerrar los ojos ante un “es mala publicidad para el estado, no hablen del narcotráfico”, no es victimizarnos, ni encerrarnos por el miedo que esto nos provoca, sino estar atentos e informados sobre el territorio donde vivimos y amamos.

El narcotráfico y su narco cultura están metidos hasta los huesos en los hombres y mujeres de la población sinaloense. Atacar desde nuestras trincheras, la violencia, el machismo, disolver esa consagración a narcotraficantes como héroes, líderes y jefes ‘deseados’. No dejar que niños, jóvenes y adultos vivan en una orfandad cívica y moral por aspiraciones a pertenecer a dichas organizaciones, es dar un gran paso, recuperar terreno que ahora está en manos de asesinos a sueldo.

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